La caja de todas las canciones (Residencia de arte contemporaneo, Cerveira-Portugal/ 2024)
Propone una desarticulación del instrumento musical en su forma tradicional, desplazándolo hacia un territorio donde el sonido emerge desde la materia residual y la experimentación.
La obra se construye a partir de objetos encontrados en un espacio de reciclaje durante la residencia artística en Cerveira, Portugal (2024): fragmentos metálicos de puertas, utensilios de cocina, alambres y otros restos que, despojados de su función original, son reactivados como generadores sonoros. Este gesto no solo resignifica el objeto, sino que lo inserta en una lógica de escucha distinta, donde el ruido adquiere valor compositivo.
El ensamblaje opera como un dispositivo de música concreta, en el que cada elemento participa de una escena casi ceremonial: un acto de invocación sonora donde lo cotidiano se transforma en vibración y presencia. Mediante el uso de sensores piezoeléctricos y un sintetizador analógico, la obra amplifica y procesa estas micro-resonancias, configurando un sistema híbrido entre lo mecánico y lo electrónico.
La estética resultante evoca un imaginario cercano a lo cyberpunk: un artefacto anacrónico, como si proviniera de otro tiempo, donde los sonidos no responden a estructuras musicales convencionales. En este espacio, las frecuencias parecen contener todas las canciones posibles —o ninguna—, suspendiendo al espectador en un estado de ambigüedad sonora.
Más que un instrumento, la obra se presenta como un archivo abierto de potencialidades acústicas, donde el límite entre ruido y música se disuelve.